Ahí viene. Circulando con la cabeza bien alta. Sus zapatos náuticos de suela impecable advierten su paso firme y decidido por los viejos tablones de madera que dan vida al pantalán central. Camisa de hilo blanca, pantalones rojos recién planchados, e imperioso cabello negro engominado, como siempre, hacia atrás. Nunca lleva gafas de sol, rebosa satisfacción náutica y saluda continuamente a todos los marineros y profesionales del sector. Bajo su brazo se mezclan el grueso de catálogos del último boatshow que visitó en La Rochelle y los periódicos de diferente corriente política. Porque si algo es apreciable en él, es la correcta imparcialidad en sus ratos de ocio y exposición social. Y en náutica es todo un experto, y con solo dos años en activo en el club, ya se ha incluido en el grupo de ilustrados armadores que dan una “lección fulminante” al resto de socios en cada saludo y en cada “me alegra verte”. En materia de vela, pesca, motor o cualquiera de las tendencias que sobre la mar salada se puedan practicar, D. Rafael es ducho y competitivo. En eso el tipo es un fuera de serie. Lo demuestra en la puerta del club náutico, en la barra del bar mientras degusta su bitter, o cuando en su carrito plegable comprado en cualquier boutique náutica al efecto, transporta al mismo tiempo que habla de cualquiera de sus múltiples y novedosos bártulos mientras camina hacia el barco.
Siempre con el mismo aire práctico y experimentado. Porque D. Rafael además, ya es uno de los más honorables en la Junta Directiva, dicho sea de paso que con él vino el permiso para hacer las obras de la nueva bocana. Pero donde acomoda su mejor sonrisa y placer es en el pantalán, coto donde decreta las magníficas prestaciones de su Pershing 56 o donde anuncia a sus vecinos de amarre su nuevo barco para el próximo verano. Porque ojo, siempre dice que le chiflan los barcos desde bien niño y que se gasta los ahorros en eso. Elogia las hélices de la marca “IronBrothers”, tanto como si su vida dependiera de ellas. Me permiten mayor velocidad y una disminución del 15% en el consumo, explica intentando convencer a Amador, otro socio y propietario de la Nadine, una antigua Guy Coach que necesita ser hablada con cariño cada vez que su propietario le arranca el motor para ir a curricar por la zona.
Esteban, un socio de toda la vida que es muy cachondo y gorrón el tio, hace como si hablará con su mujer por el teléfono cada vez que lo ve, “si cariño, se ha estropeado el barco y no puedo salir a navegar. Con las ganas que tenía…”. Claro, D. Rafael pica el anzuelo a la primera, e invita a Esteban a tomar el almuerzo en su lancha. Y es que menuda tiene preparada el señor, jamoncito al corte en directo y cervezas que por más que residen en la despensa del barco, siempre están frías y no saben a lata. Así que D. Rafael, siempre embarca amigos con facilidad para darles la vuelta en su “chalet flotante”, porque además casi siempre va solo. Su mujer y sus dos hijas le han salido de asfalto pisar y compra desmesurada. Así que D. Rafael es un autodidacta y no comparte su afición si no es entre amigos. A ellas hay que verlas cada vez que aparecen por el club, no pisan el yatecito pero directas acuden al punto de mejor sol luciendo bikini de “ya es Primavera en el Corte Inglés”. Tenéis que ver la cara de mis amigos alternando el video musical con el trimado del Snipe antes de la regatita del sábado. Mientras se dan cremita, aconsejan al papá cambiar de barco para que los pasillos de cubierta sean tan anchos como aquel barco que vieron en Formentera, parece ser esa su conversación nautica. Y D. Rafael, aunque no lo aparente, ya pensó en cambiar el barco varias veces con tal de contentar a los suyos. Su disfrute es tal, que puede hablar horas y horas de las prestaciones que tiene su barco. Pero no le entienden ni las hijas, ni su mujer, ni otros propietarios de camiones parecidos al suyo, que si le hablan, es para enseñarles el Bentley que se han comprado. Y le da rabia porque él de lo que quiere hablar es de mar y más mar. D. Rafael desenfunda incluso, predefinidos saludos aderezados con apuntes sobre el estado de la mar, la meteorología, los nudos de media que hace su barco, o el mejor sitio para repostar y demás. Pero al llegar al bar, con añoranza, observa a dos abuelitos gesticulando con las manos imitando las formas de un barco. Hablan de la maniobra cuando llegaban a baliza en la regata de armadores de esta tarde. Y D. Rafael ve que se ríen, que charran casi ya de noche sin parar de la izada de spi y de la regata, y mientras camina hacia el coche después de ordenar su barco y comprobar motores, piensa que lo único que le falta a él quizás sea navegar.

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